Sé que es inútil buscarle una explicación al motivo por el cual expulsamos líquidos de nuestro cuerpo, un nexo que unifique todas estas acciones. A saber: llorar, orinar, sudar, escupir, sangrar y eyacular. De todas ellas mi opinión es que las dos más parecidas son la primera y la última, pues son las dos únicas que tienen un componente emocional profundamente marcado y liberan endorfinas por un tubo.
Es curioso como el olfato tiene la capacidad de traerte al presente recuerdos que tenías arrinconados en alguna esquina de la memoria. A veces te sobreviene un aroma que te recuerda a una habitación escondida que había en casa de tus abuelos en la que no habías pensado desde que tenías cuatro años. También puedes recordar los olores que había en las diferentes casas de tus amigos cuando las visitabas de niño, aunque te sea completamente imposible describir a qué olía cada una de ellas, pero podrías perfectamente diferenciarlas exclusivamente a través del olfato.
Hay olores fetiche, como lo son en mi caso los rotuladores Edding 2000, las peluquerías de señoras de barrio, el césped recién segado, las colchonetas y, sobre todo, esos maravillosos instantes aromáticos que te brinda un bote de pelotas de tenis al abrirse.
Cualquier otro día hablaremos de las diferentes narices que pueblan el mundo, tan ricas en matices como el sentido del olfato.
Resulta que la Unión Europea parece que va a aprobar (o ya lo ha hecho) una ley que hará legal para las empresas que sus trabajadores curren 65 horas a la semana. Si se trabajase de lunes a viernes esto equivaldría a 13 horas al día en la oficina. Por mucho que queramos parecernos al próximo imperio -el chino- me parece totalmente fuera de lugar y una auténtica salvajada. Es cierto que esto sería previo acuerdo empresa-empleado, algo que raya la comicidad, porque siempre habrá gente a la cola del paro dispuesta a esclavizarse de forma legal.
Aunque hayamos avanzado muchísimo con ayuda de máquinas, Internet, etc. parece que esto no ayuda al hombre de hoy a trabajar menos y desde cualquier lugar -salvo sortudas excepciones-, ya que cada vez estamos más atados al patrón y condenados a permanecer más tiempo en esa fuente de aburrimiento que mayoritariamente es el trabajo.
¿Qué cuesta más, decir: “no me quieres” o decir “no te quiero”?
“¡Qué vienen los chinos! ¡Que son muchísimos y cobran muy poco y nos van a dejar a todos sin trabajo porque no vamos a poder competir contra ellos!”
Este es uno de los mayores acojones de principios del siglo XXI. Al parecer -porque estas cosas se me escapan por muy lógicas que las pinten algunos- los estadounidenses cada vez son menos competitivos y poco a poco el cetro económico mundial va tomando un color cada vez más rojo chino-comunista (o pseudocomunista porque poco se parece el sistema económico del gigante asiático a las doctrinas de Marx por mucho que quieran disfrazarlo).
Así que es posible que las próximas generaciones vean a China como el nuevo Imperio que rige el mundo, con todo lo que ello supone de cambio de cultura, valores, etcétera. Aunque yo no llegue a ser como mi hermano que cuando era un moco decía que de mayor quería ser “americano” visto lo que nos depara el futuro resumo mi pensamiento en “Jesusito, Jesusito, que me quede como estoy”.
A veces uno se dedica a escuchar las historias de otros y resulta divertido. Pero al rato, uno se cansa de ser mero espectador y tiene que pasar al guión/dirección/producción: es decir, a preguntar.
Tengo la certeza de que se pregunta demasiado poco y de que la mayoría de la gente no sabe responder. Matizo: no es que la gente no responda, sino que no responde a lo que se le pregunta.
No sé si a los 30 años uno debe sentir necesidades reproductivas. Entiéndase por el hecho de traer descendencia al mundo, el camino por el que se llega a ello creo que no tiene discusión que nace bastante antes, cuando uno se encerraba en baños y habitaciones protegiéndose con un pestillo de posibles incursiones.
Así como los animales tienen marcado en el instinto este afán por la continuidad de su especie, el ser humano no es uniforme, pues hay individuos que carecen de este sentimiento. Igual que las muelas de juicio se han vuelto inútiles, hay personas que tampoco necesitan ver reflejado en un nuevo ser sus gestos ni la forma de su nariz u ojos.
¿Educación o genes? ¿Huevo o gallina?
MUTO a wall-painted animation by BLU from blu on Vimeo.