Es curioso como el olfato tiene la capacidad de traerte al presente recuerdos que tenías arrinconados en alguna esquina de la memoria. A veces te sobreviene un aroma que te recuerda a una habitación escondida que había en casa de tus abuelos en la que no habías pensado desde que tenías cuatro años. También puedes recordar los olores que había en las diferentes casas de tus amigos cuando las visitabas de niño, aunque te sea completamente imposible describir a qué olía cada una de ellas, pero podrías perfectamente diferenciarlas exclusivamente a través del olfato.
Hay olores fetiche, como lo son en mi caso los rotuladores Edding 2000, las peluquerías de señoras de barrio, el césped recién segado, las colchonetas y, sobre todo, esos maravillosos instantes aromáticos que te brinda un bote de pelotas de tenis al abrirse.
Cualquier otro día hablaremos de las diferentes narices que pueblan el mundo, tan ricas en matices como el sentido del olfato.
