En septiembre, la Universidad de Oxford, en colaboración con la Universidad de Oviedo, publicó el informe: Cisco Broadband Quality Release, donde se mide la velocidad de conexión a Internet de 42 paises y como resultado se establece un ranking.
Japón, con una velocidad media de 16.7 Mbps., se lleva el oro, España el puesto 26 y nos sitúa, según el estudio entre los países que no pueden aprovecharse de la ola actual de applicaciones web -aunque esto resulta bastante vago-.
Otro dato curioso lo extraemos de un artículo del New York Times, que se centra en el otro fáctor: el precio. Al parecer en Londres podemos contratar 8 Mbps por $9 dólares, cuando en NY el servicio de 1 Mbps, cuesta $20.
La fundación para las tecnologías de la información e innovación (ITIF, en inglés) acaba de publicar un ranking de innovación de los principales países (ver tabla abajo). España ocupa el puesto 23 y sorprende, por ejemplo, que USA ocupe el sexto lugar. Pero como todos los rankings la clave está en la metodología, ya que según un artículo del New York times, el ranking del Foro Económico Mundial, situa a USA como el número en innovación y no el sexto.
¿Pero de veras se innova en España?
Tengo la sensación de que en España no se innova, al menos en el ámbito de Internet. Aunque hay excepciones, creo que aquí nos dedicamos a traducir: Menéame es una copia de Digg y Tuenti un calco de Facebook.
En el ámbito corporativo, dejando de lado las Telefónicas e Indras, en general no innovamos porque hay pocas empresas grandes en España que sean españolas. Recordemos que una regla básica para saber de dónde es realmente una empresa es en qué lugar sucede el I+D, que suele ser en el páis de origen. Así, es de esperar que Google o Microsoft -Spain- sigan dedicándose a traducir lo que les viene de fuera y no a generar ideas.
En el ámbito start-up, conozco muy pocas ideas originales -ni si quiera digo buenas- que hayan nacido en España. Repito, en el ámbito de Internet. Sólo me viene a las teclas Panoramio.
Carencias
España necesita mejorar notablemente en varias áreas si de veras pretendemos fomentar la innovación. Principalmente en:
Ayudas Gubernamentales: se supone que existen, pero no resulta nada fácil nadar entre las aguas ministeriales. El Instituto de Crédito Oficial (ICO) tiene una línea para emprendedores con un presupuesto total de 100 millones de euros. También hay ayudas según la comunidad. En Madrid está AvalMadrid, pero sólo pueden optar a su ayuda las empresas que hayan sido constituidas al menos 12 meses antes de la petición y el máximo son 60 mil euros. Por otro lado, conviene aclarar que estas ayudas nunca son inversión, sino préstamos con intereses bajos. Además, y esto ya es ir a matar, no me inspira nada de confianza visitar webs oficiales (lo que sea que este signifique) y que la fecha en el pie de página sea 2006.
Industria de Capital Riesgo: a pesar de que ha crecido en los últimos años, comparada con otros países es todavía muy débil. Existe la noción de que cuando en USA un venture capital espera generar beneficios de una de cada diez inversiones, en España pretenden generar beneficios de las 10. Por supuesto esto hace muy difícil que salgan ideas nuevas y beneficia, una vez más, al plagio, a “copiar lo que ya funciona“.
Sistema educativo que promueva la creación de nuevas empresas y ayude con fondos o al menos infraestructura. Google nació de Standford… ¿qué empresas han visto la luz apoyadas por la UAM? No conozco ninguna. Está claro que aquí tenemos una diferencia de base con respecto al modelo americano de educación que es privado y no mayoritariamente público, como en España. De esta forma resulta más complicado aún que las universidades compitan entre ellas para fomentar la creación de ideas y empresas nuevas.
Sin resolver como mínimo estos tres puntos no veo la luz al final del túnel. Soy un firme creyente de que la innovación está entre las soluciones, a medio y largo plazo, más contundentes para esta crísis tan simpática que nos visita. Digo simpática porque la principal solución del Gobierno para la crísis, es generar empleo para el gremio más afectado, el de la construcción, y esto nunca va a hacer de España un país más competitivo. Así, a lo mejor la crísis no está sólo de visita, sino que se instala en España, por lo que más nos vale ir cogiéndola cariño.
Quedas avisado de que este post depende de dos hipótesis y deberían darse varias carambolas (buenas y malas) para que llegara a suceder realmente algo de todo esto.
Hipótesis 1: Los proveedores de Internet pasan a cobrar por Gigas consumidos. (Esto se engloba dentro un tema crítico y muy amplio que trataré aquí pronto: la Neutralidad de la Red.)
Es decir tal y como lo hacen las compañías eléctricas. Es cierto que de todo lo que diré más abajo esta es, sin duda, la única predicción que debe tomarse como probable -no sólo posible-. De hecho, en USA, tres de los proveedores más importantes sopesan cobrar a sus usuarios según consumo. TimeWarnerCable incluso ha hecho ya una prueba en una ciudad de cien mil habitantes, en Texas. Su postura es bastante clara: “Los que usan más ancho de banda deberían pagar más” y se quejan de que un 5% de usuarios, ocupe el 50% de la capacidad del operador. Además, alegan, que los usuarios que más consumen son los que mayor contenido pirata se bajan.
Entiendo que esto plantea un problema de tarificación: ¿qué precio tendría un Giga de descarga? ¿Vale lo mismo un Giga de vídeos de Youtube que un Giga de radio-streaming (con publicidad)? ¿Y si me compro canciones en iTunes, cómo van a cobrarme también por la descarga?
A pesar de esto, supongamos que se llega a un acuerdo, como en el caso del test que ha hecho TimeWarnerCable, que cobra, sin discriminar, a 0,65 dólares el giga. Para los que descargan poco y a penas ven vídeo en Internet esto sería un chollo, pues pagarían unos 6.5 dólares por 10 Gigas. Pero para los que están por encima de 80 Gigas al mes serían $52 y así la cosa cambia -y de estos debe haber unos cuantos-. Además, todo parece indicar que cada vez pasaremos más tiempo en Internet y que el contenido en la red no va a hacer más que crecer.
Hipótesis 2: Se crea y regula un mercado de Gigas.
Esta es la parte menos probable pero quizás la más interesante. Ese mercado hipotético del que hablo, debería premiar a los creadores de contenido, de tal forma que el tráfico que generen se les descontaría del tráfico que consuman. Por ejemplo, el creador del vídeo de arriba, con casi 82 millones de visitas y 2 Megas de peso, debería tener a su favor 164 Teras de consumo de Internet.
Está claro, que esto también plantea incógnitas del tipo: ¿Quién crea ese mercado? Pero no tengo la menor duda, de que en el contexto que describe la primer hipótesis -o incluso en nuestro contexto- la creación de un mercado de tráfico de este tipo, en el que todos consumimos y producimos, fomentaría la creación de contenido de mayor calidad, pues la gente tendría el incentivo de que el tráfico del contenido que cree le serviría para su consumo.
Pese a iTunes, con la adopción de la tecnología P2P y extendida ya la idea de que los artistas ganan música con los conciertos y no con la venta de discos, las cosas no han ido a mejor para la industria musical desde los tiempos de Napster o del todopoderoso AudioGalaxy. Prueba de ello es que la venta de discos ha caído un 64% desde el año 2000 (se entiende que en España, donde somos especialmente piratas o como ahora empieza a llamarse, ladrones digitales) y que según la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI) por cada canción legal que se compra en Internet se descargan 20 de forma ilegal.
Hace tiempo me crucé con Grooveshark y recientemente se habla y lee sobre Spotify. Aunque dudo mucho que alguna de las dos, o incluso combinadas, supongan un alivio mayor del que ha sido iTunes, merece la pena hacer una comparación.
Descripción general
En pocas palabras, hablamos de dos servicios que permiten escuchar música, mediante streaming, de forma gratuita y aparentemente legal. Grooveshark es un servicio online y por lo tanto no requiere instalar ningún software. Sin embargo, Spotify requiere descargar e instalar su aplicación -disponible para Mac y PC-.
Grooveshark está abierto a quien pase por su web y cree una cuenta. Es totalmente gratis. En cambio, Spotify requiere una invitación para poder descargar el software y viene en tres sabores:
-gratis (con publicidad)
-pase diario (sin publicidad) por 0.99€,
-premium (sin publicidad), previo pago de 9.99€ por un mes
Spotify pierde el primer asalto, pues la necesidad de tener una invitación, requerir la descarga de software y ofrecer tres sabores -sobrando dos de ellos, a mi juicio-, resulta un obstáculo considerable.
Usabiliad
El interfaz de Spotify recuerda claramente al de iTunes, por lo que resulta muy sencillo de usar. Por su parte, el buscador/navegador de Grooveshark funciona bien y hasta se parece al sistema operativo del Mac, pero tiene un gran problema con el player: por cada canción en el playlist, se añade un icono y cuando tienes varias resulta incómodo saber qué viene después (ver abajo, segunda imagen).
Así, en este asalto, gana Spotify
Catálogo
Sin ir a matar, pero siendo exigente, he hecho varias búsquedas (Beirut y Autechre) en Spotify y el resultado ha sido lamentable, sobre todo comparado con Grooveshark, que ha tardado segundos en ofrecerme “Gulag Orkestar” el disco entero de Beirut -muy recomendable, por cierto-. Además, Grooveshark tiene un gran gancho, y es que -previa descagarga de una aplicación- es capaz de replicar las playlist que tengas en tu iTunes y así poder acceder a tu música, en cualquier sitio que tengas conexión a internet.
Habría que destacar que ambos se están esforzando para permitir a los usuarios compartir canciones etc, pero Spotify obliga a hacerlo dentro de su aplicación cuando Grooveshark permite un enorme abanico de opciones, desde añadirlo sencillamente a tu blog -ver abajo- a colgarlo en Facebook o Twitter. Precisamente, observando ésta última herramienta, Grooveshark ha creado una canal llamado Twisten, que permite escuchar las canciones de las que habla la comunidad Twitter.
En el último asalto, el del catálogo musical, Grooveshark manda a la lona a Spotify, porque esto va de música.
Google se ha esforzado por zanjar los rumores sobre el coste medioambiental de las búsquedas y ha desmentidoque cada vez que googleamos algo se consume la energía de media tetera de agua hirviendo, y se emitan 7 gramos de CO2 a la atmósfera. Sin embargo, el propio blog oficial del buscador por antonomasia, no es tan claro como con sus adwords, ya que pone ejemplos del tipo:
El hombre adulto necesita de media unos 8000 kJ de energía que extrae de la comida, entonces una búsqueda en Google usa más o menos la misma energía que tu cuerpo consume en diez segundos.
Además, por mucho que rastree internet, no encuentro cifras fiables sobre el número de búsquedas que recibe Google, pero se puede hacer una estimación: si nos creemos que en USA se hicieron 116.000 millones de búsquedas en 2008 y además sabemos que allí hay 160 millones de internautas y que Google tiene una cuota de mercado del 58%, obtenemos que cada usuario, de media, hace dos búsquedas al día.
Como ya dijimos, somos 1.000 millones de internautas y de éstos, según una encuesta publicada por eMarketer, el 81% usa Internet, entre otras cosas, para buscar (sí, cabe preguntarse qué hace con la curiosidad el restante 19%). Teniendo esto en cuenta y usando una cuota de mercado similar -aunque en realidad es mayor en Europa y en concreto, hace dos años, en España, era del 99%- obtenemos los siguientes datos:
Por lo tanto, leyendo en el blog de Google que cada búsqueda consume 0,0003 kWh y estimando un coste de 0.04 centavos de dólar el kWh, sólo en la electricidad que emplea Google para generar nuestras búsquedas la empresa debe gastarse unos 5 millones de dólares.
El blog también dice que cada mil búsquedas se emite -por la electricidad consumida- 0,2 gramos de CO2, podemos estimar que aproximadamente Google -o mejor dicho los usuarios de Google- generamos 83.000 toneladas de CO2. Para ponerlo en perspectiva, esta cantidad de CO2 es un 0,0002% de las emisiones totales de España en el 2006, que fueron 372 millones de toneladas.
Poco o mucho, son conceptos relativos, pero no cabe duda de que a Google le preocupa el componente energético de su negocio, pues ha puesto en marcha diversas iniciativas para optimizar el consumo de electricidad, con una inversión de 45 millones de dólares. Otra vez, poco o mucho, según se mire.
En USA, Hulu se ha convertido en uno de los mayores éxitos del Internet legal y reciente, pues vio la luz en Marzo de 2008. Con 240 millones de vídeos vistos al mes, un contenido de calidad (películas y series de TV) y una publicidad interactiva, además de mucho menos intrusiva que en la TV (sólo tres anuncios en cada episodio) planta cara a iTunes y a Youtube.
Para ponerlo en perspectiva, iTunes, con 75 millones de clientes de pago, vendió, hasta el 2008, 200 millones de episodios de TV. Es decir, menos vídeos que los que Hulu muestra en un mes. Además, a pesar de que YouTube tiene 100 millones de usuarios únicos al mes y Hulu 24 millones (el servicio está disponible sólo en USA), de la tabla de abajo se desprende un dato muy significativo: cada usuario de YouTube vio una media de 60 vídeos y los de Hulu 10, la duración media de los vídeos vistos de YouTube es de 3 minutos, comparada con los 10 minutos de Hulu. Esto significa que a pesar de que YouTube tiene un número de usuarios 4 veces mayor que Hulu, la diferencia de minutos vistos por usuario es de menos de la mitad. Esto seguramente explique que Google se esté apresurando para cerrar acuerdos con Warner y CBS.
¿Qué tendría que pasar para disfrutar de un Hulu español? Para empezar, parte del éxito de Hulu se ha basado en capacidad de convicción, pues cuenta con el contenido de más de 130 productoras. España es un productor mucho más pequeño y hay muy pocas productoras, cosa que a priori debería facilitar un posible acuerdo. De todas formas, siguiendo el ejemplo de Hulu, sería necesario un eje central, un núcleo duro, que promoviera dichos acuerdos, posiblemente dos cadenas, como Antena 3 y Telecinco, o Cuatro y La Sexta. Ni que decir tiene que un acuerdo entre cualquier combinación de estos cuatro gatos se me antoja inviable, por motivos obvios de competencia.
Además, cada uno parece estar haciendo sus pinitos en cuanto a su oferta web:
En general la calidad de estos “canales web”, en cuanto a facilidad de uso y calidad de imagen deja mucho que desear. Quizás podría destacarse LaSexta, por ser la única que ofrece HD. Además, estos canales web sólo muestran contenido nacional, entiendo que por cuestiones de derechos, quedando así excluidos líderes de audiencia como CSI y películas.
Otro factor clave y en contra lo tenemos en la población de internautas en España, de 17 millones, que hace predecir bajos índices de audiencia de un posible canal de TV web. Y si a esto le sumamos que, salvo Aída y Sin tetas no hay paraiso, los mayores índices de audiencia lo registran contenido no nacional (CSI y películas), telediarios y eventos deportivos -ambos de riguroso directo-, la viabilidad queda más que cuestionada.
Concluyendo, un servicio que en USA está revolucionando la forma en la que la gente consume TV, parece inviable en España, tanto por la posible oferta -acuerdo entre productoras y cadenas- como por la posible demanda -por el número de internautas, la preferencia del directo y el monopolio de una o dos series nacionales.
Corren ríos de tinta digital sobre Facebook. Desde la valoración de la empresa por parte de Microsoft en 15.000 millones de dólares, (lo que grosso modo debería significar que cada usuario representa 100 dolares) hasta un vídeo que la vincula con la CIA. Menos se sabe sobre el hecho de que la compañía de la ciber-amistad se enfrenta a un litigio desde su formación, acusado el envidiado Mark Zuckerberg de robar la idea a unos compañeros de facultad.
Un dato interesante se obtiene de las estadísticas de su página web, de la que extraemos que, cada día, la suma total del tiempo que dedican todos los usuarios individuales equivale a 5700 años. Amigos, con esto se puede cambiar el Mundo, ¿verdad?
Recientemente, El Mundo hacía eco de un artículo de un periódico en el Reino Unido que dice:
Facebook planea explotar económicamente la vasta información personal que mantiene sobre sus 150 millones de usuarios mediante la creación de una de las más grandes bases de datos del mundo para estudios de mercado.
Imposible no festejar el cinismo que supone que una o dos publicaciones parezcan escandalizadas, ya que les sustenta un modelo de negocio parecido y no creo que, de tener la oportunidad, dudaran ni un minuto en explotar el modelo de estudios de mercado. Si bien es cierto, hay posturas, como la de Facebook Desenmascarado que presentan una crítica más sincera -aunque pueda rayar la teoría conspirativa a veces- en cuanto a la política de protección de datos y que además tacha el servicio de adicción. Me pregunto qué pasaría si alguien creara un grupo de fans de esta web en Facebook.
Pero volviendo al tema de la amistad, y es porque creo en ella, no tengo la menor duda de que facebook se desinflará. Por supuesto no desaparecerá su valor publicitario -que por impresiones y segmentación ya lo quisiera el prime time. Además, no niego cierto valor práctico, pero confío en que la gente se irá cansando de contribuir a la normalización de las relaciones públicas y al engaño del escorzo (por que en internet nadie es quien dice ser). Quizás no sea este un argumento de peso, sino una corazonada, pero en cambio, una campaña reciente de Burger King en USA, resulta más reveladora. Por cada 10 amigos que un usuario borrara de su facebook, le regalaban una hamburguesa. La campaña, que ha sido un éxito, valoraba cada amistad-facebook en 37 centavos.
Ya paso mucho tiempo delante de esta y otras pantallas, y aunque la mayoría del tiempo intento disfrutar, lo que quiero son cosas que me alejen del ordenador y no que me hagan pasar más tiempo en él. En este sentido, dos apuntes:
1. Destacar otro tipo de red social, por ser precisamente eso, social ya que se caracteriza por organizar quedadas entre personas que compartan circunstancias e intereses. Se trata de www.meetup.com
2. Alabar el anuncio que corona este artículo. Se trata de una librería en Israel, que traduzco para mi madre y viene a decir: “Enfréntate a un libro“.
Este es mi estado. Esto es lo que estoy haciendo ahora.
Comscore, una compañía inglesa especializada en medir el tráfico global de internet, acaba de publicar los resultados de su último estudio. Destaca, por redonda y gorda, la cifra alcanzada de los 1000 millones de internautas. China, USA y Japón, con 180, 160 y 60 millones respectivamente, ocupan la tres primeras posiciones. España, con casi 18 millones de internautas, ocupa el puesto número 13.
El estudio también señala los sitios, o las principales propiedades de Internet más visitadas. Mención especial para el popular Facebook, que usa un 22% de la población de internautas.
Magid Abraham, el CEO y presidente de Comscore, asegura que el segundo y tercer millardos se alcanzarán a una velocidad vertiginosa y aunque no resulta sorprendente, se echan en falta los datos históricos que ayuden a entender a qué velocidad se propaga Internet.
Por otro lado, resulta inevitable tener en cuenta este artículo de EL MUNDO sobre el consumo energético que supone el uso de Internet. Este es sin duda un tema que iremos explorando en estás páginas.